Publicado en Camino-relatos de Santiago, Etapas

Soñar o morir

Uno sueña tanto, tantísimo, que ya no sabe si está desmiendo o durpierto. De estar durpierto estaría soñando despierto y de estar desmiendo sencillamente sería como vivir durmiendo.

Uno sueña tanto, tantísimo, que ya no sabe si es la cama la que nos cubre y arropa y se hunde profundamente con nuestro cuerpo, envolviéndonos en una vida de ensueños. Uno ya no sabe si es la almohada la que se restriega sobre nuestros ojos y bosteza al contacto de nuestra piel para que así el sueño que duerme no se deshaga y siga soñando que es real y está despierto.

Y uno quiere soñar, seguir soñando y realizarse aunque sea sin dormir, pero termina sin sueño aunque durmiendo y muriendo sin soñar. Y cree que sueña que no duerme para seguir despierto, pero el sueño aburrido de no vivir, se duerme.

Y un leve ruido basta, basta para despertar al sueño que se levanta junto con las sábanas, abre la ventana, se airea y se acaba yendo. Y nos descubrimos sentados desmiendos o durpiertos, quién sabe a estas alturas del sueño, pero nos quedamos angustiados viendo marchar y sin realizar los sueños. Sin saber acaso si volverán si seguimos durmiendo. Soñando sin dormir, viviendo sin soñar o sin soñar y sin vivir.

Y solo, solo hay que cerrar la ventana con los ojos abiertos, sabiendo que el sueño que ya ha dormido no se escapa, que está despierto. Y si uno se muere igual; soñar es vivir, lo otro es no soñar y encima dejarnos morir.

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Publicado en Camino-relatos de Santiago, Etapas

¿Qué es el verantoño?

Estar en otoño pero ser en verano

Publicado en Camino-relatos de Santiago

¿Y a ti, qué te falta?

No te lamentes, no llores más, no te aburras tanto pensando en ti.
Hoy, el ombligo del mundo no eres tú. Es él. Pero él, ni mucho menos hace el Camino para ser el ombligo del mundo. Él, sencillamente hace el camino porque quiere y puede. Y cuando uno hace lo que quiere y puede se convierte en el centro del universo.

Porque se tarda más en llegar al centro que al ombligo, del mismo modo que abarca más existencia el universo que el mundo.

Y es que en el ombligo del mundo solo cabes tú, mientras que en el centro del universo estamos todos los demás. 

Publicado en Camino-relatos de Santiago

En el lugar más alto

Hay miles de piedras en el camino, pero esa piedra pequeña y blanca que guardé en un lugar especial de mi mochila, ya llevaba grabado aunque yo no lo sabía, lo que hace tan solo unos días escribí sobre ella.

Del mismo modo que se cruza un gato y la muerte. Así se cruzó conmigo la piedra. ¡Será para eso para lo que están las piedras! Para tropezarnos con un instante, o acaso el azar es torpe. Avance entonces muy rápido hasta el fui, pero allí yo ya no estaba, no quedaba nada salvo recuerdos. Y es que una cosa es el camino y otra muy distinta nuestro camino, mí camino. Como el gato y la muerte que sin tener nada que ver se terminan cruzando en algún punto.

Hoy, después de jornadas de calor y esfuerzo la piedra ha llegado, ha recorrido su camino. Y es que alguien a quien admiro y quiero, la ha depositado en el lugar exacto que le he indicado; a los pies de lo que antaño dicen fue un altar romano dedicado al “Dios de los Caminos”, para protegernos, la emblemática Cruz de Ferro en el Camino de Santiago.

Ahora está en el lugar más alto mamá, a 1504 metros de altitud, por si haces como yo y retrocedes, por si vas hasta el fui, aunque sea para tropezar con ese instante, para que puedas verla.

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Si tuviese que elegir una palabra

Gracias.

Por tu valentía y coraje. Por como viviste la vida y afrontaste la muerte. Por tu brutal entereza. Por tu liderazgo. Por ocultarnos las penas y evitarnos sufrimientos. Por tu sensibilidad exquisita. Por tu alma de poeta. Por enseñarnos a caminar. Por tu sinceridad. Por tu forma de reír, y de llorar. Por tu fortaleza. Por tu inmensa generosidad. Por tu bondad. Por tu buen hacer en las cosas más sencillas. Por tu carisma. Por tu humildad. Por tu carácter. Por tu sentido del humor. Por tu manera tan extraordinaria de querernos. Por tu integridad. Por el gran amor que nos demostraste. Por ser tan genial y tan hermosa; te coincidía la belleza: por dentro, por fuera, por todos lados eras guapa. Por estar pendiente de todos y cada uno de nosotros. Por amar tanto a papá. Por hacernos tan felices todo este tiempo. Por cogernos de la mano y hasta el último instante, queriendo llorar, nos hiciste reír. Gracias.

Gracias, mamá.

Publicado en Camino-relatos de Santiago

El estréscondite

El estréscondite es un juego a prueba de madurez o inmadurez (según valía). Consiste en conocerse para encontrarse a uno mismo, lo cual indica que uno previamente ha de estar perdido para poder jugar.

En el estréscondite nadie salvo tú mismo vendrá a salvarte, aquí no vale eso de “por mí y por todos mis compañeros” ya que corresponde a la versión infantil y este no es un juego de niños.

Estar más o menos perdido, mucho o poco no parece ser atenuante para encontrarse antes o después, más deprisa o más despacio. En este punto las reglas no hacen la más mínima mención al respecto. El agravante es que al no saberse uno mismo quién es, ese otro perdido nuestro le lleva a desconocerse de sí, o dicho de otro modo a ser un desconocido de él, lo que todos venimos reconociendo como no conocerse a sí mismo.

Los componentes

El juego se compone de un único jugador con un mapa mental circular que deberá o debería llevar doblado en su cabeza o en el corazón en vez de en el bolsillo. De este doblez dependerá el éxito y el desarrollo de su juego, en definitiva de su vida. Ni que decir tiene la importancia de sus capacidades y valores: optimismo, carisma, decisión, visión, responsabilidad y valor… entre otros, además de gratitud.

Por tanto, al estar obligado a jugársela con él y no con otros, el jugador es y será absolutamente responsable e irresponsable tanto de lo que hace cómo de lo que no hace. Si los otros en un momento dado te encontraran a ti antes que tú , la desmotivación tardaría poco en llegar, provocando en ti la ansiedad justa para toparte con tu ego (no es lo que buscas) antes que contigo mismo.

Además, puede darse la circunstancia de que el jugador se cruce con otros jugadores perdidos, lo que puede acarrear desencuentros y encuentros de confusión al no saberse ninguno de los dos quién es cuál. Si el que se está buscando o el que se está encontrando y que anda exactamente en la misma disyuntiva. ¿Eres tú mi yo o soy yo tu tú?

Las casillas

Aunque los jugadores no cuentan con GPS (ya quisieran), las reglas permiten caer en las denominadas casillas modo: gritos, eco y auxilio, pudiendo descargar ahí todo el estrés e ira que están soportando. Uno se puede llamar bien alto y esperar si se oye, aunque sea de manera tímida. De ser así, el jugador o jugadora deberá hacer alguna señal tipo silbido gomero u otro grito idéntico al que ha escuchado para saber la casilla en la que se encuentra su otro yo como él o ella, que desde allí está intentando ponerse en contacto con él mismo.

La manera de avanzar

El juego tiene miga, razón por la que no es Los Juegos del Hambre. El jugador o jugadora no podrá parar de contar hasta que se encuentre. Es indiferente que cuente hasta mil o hasta veinte mientras siga sin saberse o sabiéndose desconocido de sí, si es o no es él o ella el que se está buscando.

La forma de desplazarse es cuando menos agobiante. El jugador puede descansar pero no dormirse; hasta el último día de la vida todo es juego, lo cual complica la forma de ser de los jugadores y su arte de caminar y tropezar por el tablero de la vida.

Un problema típico y muy común es el poco o ningún caso que presta el jugador a su instinto (parece obvio dada su circunstancia), dejando delimitado en el mapa mental que porta toda su responsabilidad, que le irá guiando en sus equivocaciones y aciertos, sin tener en cuenta ni considerar la diferente realidad del territorio por el que transita y que le ha tocado vivir y sobrejugar o jugar y sobrevivir.

La suerte

No existe. Si el jugador se lanza pero no se reconoce en sí, ni en el extraviado ni en el que se descubre, es obvio que no ha de ser todavía ni él ni ella. Deberá pues no autoengañarse y seguir contando y jugando. No hay razón para ser otro en tu propia vida que no seas tú ni tendría sentido y menos coherencia. Y lo que es peor, jugar a buscarse a uno que no eres tú ni te pareces a ti y que desde luego no conoces de nada.

El comodín

Está de fortuna el jugador que se topa con él mismo y se acierta con su –– y con su –to– o mejor dicho, con su yo y con su tú. Él mismo se descubre con el que se buscaba pero que desconocía e ignoraba que llevaba guardada la misma pregunta y respuesta que él; el joker.

La recompensa

Gana la partida el jugador que consigue liberal a su yo extraviado del estrés, antes de alcanzar la casilla de la muerte (todos los juegos y las vidas tienen una casilla así), encontrando su propio corazón en el del otro, consiguiendo terminar y salir del juego habiendo cumplido el objetivo de saberse conocido de él y del que buscaba que también era él. Del ser y serse en cualquier circunstancia. Siendo él, tú y ti siempre y a la vez.

¿Te atreves a jugar?

Si tú no eres de los que están perdidos y te conoces bien y además te sientes atraído por los retos, puedes perderte unos metros nada más, de prueba, sé listo y no te vayas muy lejos y luego ya tranquilamente juegas a buscarte.

 

Publicado en Camino de Santiago

Sin pies ni cabeza

Harta de ver el sinsentido de su silueta perruna y contra todo pronóstico, eligió su mejor calle y nos sacó de paseo al perro y a mí.

 

Publicado en Camino de Santiago

Ojos que sí ven corazón que sí siente

Por eso, cuando el paisaje nos seduce nos enamoramos de la vida.

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Cada lobo por su senda

En cada camino una vida. En cada vida un mundo.

Publicado en Camino de Santiago

Way & Life

El camino y la vida es lo mismo, solo que se pronuncia distinto.