La casa azul

Antes de ver la casa azul, un puente cromático de siete colores me pasó por encima. Después el horizonte marcó en mi retina una línea perfecta y anaranjada. Incluso me crucé con varios peregrinos de sonrisa remolacha y algunos lugareños que hablaban en marfil me desearon un camino rosáceo. No era de extrañar, la tierra arenosa [...]

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La casa encarnada

Estaba viva. Chispeaba. En la ciudad era una casa excepcional. Sus habitantes no entendían a los transeúntes que perdían el tiempo encendiéndose de envidia al momento de pasar junto a la fachada. Ellos solo eran inquilinos del amor. Arrendatarios del querer que cumplían con su compromiso vital; activa, enérgica, desenfrenada y apasionadamente.