Publicado en Camino de Santiago

Camino largo paso corto

Si lo que buscas son emociones inteligentes te espera un largo camino. Se trata de ir desde tus pies hasta la cabeza.

Publicado en Camino de Santiago

107 hasta “Pie de página”

Si un paso puede cambiar un camino, una palabra puede modificar una historia.

Me atrevo a saltar sobre la hoja en blanco, el papel soporta mi peso. Recorro el ancho por el alto. Paseo entre futuros bosques foliados y paisajes milimétricos de 210 x 217. Recortes de pasión que sobrevuelan el entorno. En una esquina los ríos se desbordan por los finos márgenes y en otra, las cordilleras se pliegan con tanto arte que se convierten en montañas de papiroflexia. Me detengo a observar esa nitidez del horizonte en DIN-A4, en la perspectiva del teclado de las ilusiones.

Se oculta el sol, amanece en otra página. La hoja de ruta es la clave del camino. Continúo mi marcha por una pista blanca y cuadriculada o que se retuerce en espirales de ideas de lluvia. Los obstáculos, las piedras y las letras están para que me tropiece con la caligrafía de la senda. Busco el aliento en las hojas que ya recorrí. Las dudas saltan de rama en rama, surgen como un desafío óptico, un falso membrete repetitivo.

Descanso, en mitad del folio, a cielo abierto. No hay nadie en estas líneas. Las preguntas relevantes laten bajo mis pies como si allí abajo, donde está la tierra estuviese mi corazón. Me impulso. No hay garantías aunque los títulos nos acrediten, es la experiencia la que sujeta el papel. Tras la colina, una fuente sin agua junto a la última línea que completa el párrafo. Llegaré antes de la medianoche.

imagenpiepage

Tengo que andar mucho para escribir bien y escribir más para caminar mejor. Releeo el camino y la señal, faltan -107 hasta Pie de Página-. Así funciona la ley de la naturaleza; cuando no se tiene prisa se llega antes.

De nuevo el papel se ha dejado caminar y el camino escribir. Giro para contemplar mis huellas. Sí, tengo que querer que sea, para lo que deseo, querer que llegue:

107

palabras

hasta

Pie de página

.

Publicado en Camino-relatos de Santiago

Soñar o morir

Uno sueña tanto, tantísimo, que ya no sabe si está desmiendo o durpierto. De estar durpierto estaría soñando despierto y de estar desmiendo sencillamente sería como vivir durmiendo.

Uno sueña tanto, tantísimo, que ya no sabe si es la cama la que nos cubre y arropa y se hunde profundamente con nuestro cuerpo, envolviéndonos en una vida de ensueños. Uno ya no sabe si es la almohada la que se restriega sobre nuestros ojos y bosteza al contacto de nuestra piel para que así el sueño que duerme no se deshaga y siga soñando que es real y está despierto.

Y uno quiere soñar, seguir soñando y realizarse aunque sea sin dormir, pero termina sin sueño aunque durmiendo y muriendo sin soñar. Y cree que sueña que no duerme para seguir despierto, pero el sueño aburrido de no vivir, se duerme.

Y un leve ruido basta, basta para despertar al sueño que se levanta junto con las sábanas, abre la ventana, se airea y se acaba yendo. Y nos descubrimos sentados desmiendos o durpiertos, quién sabe a estas alturas del sueño, pero nos quedamos angustiados viendo marchar y sin realizar los sueños. Sin saber acaso si volverán si seguimos durmiendo. Soñando sin dormir, viviendo sin soñar o sin soñar y sin vivir.

Y solo, solo hay que cerrar la ventana con los ojos abiertos, sabiendo que el sueño que ya ha dormido no se escapa, que está despierto. Y si uno se muere igual; soñar es vivir, lo otro es no soñar y encima dejarnos morir.

Publicado en #historiasdeamor

El papel de sus vidas 

Se cruzaron. Sus palabras escritas con sus ojos. Él salía y ella entraba. Y esperaron. En un rincón de la casa, en un coche de cinco puertas, en una esquina de la calle de un barrio deshabitado, en el estante del salón de paredes blancas, en un camino soleado donde el río dejaba reflejos a unos árboles jóvenes. Sobre la mesa de la cocina y el pollo asado. En la hamaca del jardín con riego automático, en la parada del autobús rojo de la única calle sin número del barrio viejo, en el apeadero de la estación que siempre llovía. En el banco del parque, el que estaba junto a la fuente de agua mansa y el roble marchito en verano rodeado de niños que volaban como pajaritos y comían palomitas.

Y esperaron. A conocerse mejor. Una página más, o dos o tres. Y se entendieron mejor y tanto que terminaron leyéndose. Y se casaron, ¡o no! En algún capítulo. Devorándose. Admirándose. Comprendiéndose. Amándose. Escuchándose. Odiándose en algunas citas. Hoja tras hoja. Capítulo tras capítulo. En cada espacio, en cada coma, en cada punto y seguido, en cada tilde. En su libro infinito y sin fin se abrían y se cerraban; a ratos, a trozos. Dormitando y comiendo entre líneas y párrafos. Susurrando y cogiendo aliento en los pros y en los contras, sudando en las conjunciones, enfermando en las diéresis.

Ambos se ilustraron: marcando esquinas y arrancando momentos, subrayando instantes, dibujando niños, casas, dinero y viajes. Páginas de sueños y pesadillas y símbolos misteriosos con signos y letras del piso y del coche. Y se envolvieron en las guardas de un mundo de papel, de facturas de AMOR y cartas de luz y gas. E hipotecaron todas y cada una de las palabras de su vida y pagaron al mes y al trimestre sus aventuras de amor y diálogos y deseos y sexo y desamor y discordias y reflexiones y nacimientos y decisiones y muertes.

Fue aquí, al final. Cuando ya se habían leído lo suficiente y las palabras se acariciaban y besaban entre las páginas. Fue aquí, al final, cuando hicieron cuentas; desde la primera letra del título hasta el final de los agradecimientos. Y se dedicaron el libro. Y esperaron. Otra vez. Jugando a cruzarse. A entrar ella y salir él. Y al fin, quedarse y leerse para amarse.

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16 Caminos que no son el de Santiago

  1. Los que nos traen en vez de llevarnos.
  2. Los que nos llevan en vez de traernos.
  3. Los que transitamos sin querer.
  4. Los que queriendo no transitamos.
  5. Los que están en el horizonte.
  6. Los horizontes sin camino.
  7. Los que hacemos nuestros.
  8. Los que hacen nuestro camino.
  9. Los que van.
  10. Los que vienen.
  11. Los que nos desandan.
  12. Los que nos andan.
  13. Los que no empiezan nunca.
  14. Los que terminan antes.
  15. Los perdidos que no encontramos.
  16. Los que nos pierden pero buscamos.
  • Tantos como pies que pisan, tantos como zancadas que corren, tantos que sin darnos cuenta nos recorren.
Publicado en Tercera etapa. Olveiroa-Muxia.

El día ‘D’

El día “D” es el día en el que tienes previsto hacer lo que no has hecho. Se sitúa por detrás o por delante de otro día que también podría ser “D”. Ya sea martes o domingo, caer en junio o en diciembre, ahora o el próximo año, en esta vida o en cualquier otra. 

Publicado en Camino de Santiago

Cuando te encuentras con la reflexión

Si te encuentras con la reflexión, significa que estás caminando hacia dentro.

Publicado en Camino-relatos de Santiago

La casa azul

Antes de ver la casa azul, un puente cromático de siete colores me pasó por encima. Después el horizonte marcó en mi retina una línea perfecta y anaranjada. Incluso me crucé con varios peregrinos de sonrisa remolacha y algunos lugareños que hablaban en marfil me desearon un camino rosáceo.

No era de extrañar, la tierra arenosa y ocre combinaba a la perfección con los eucaliptos casi plateados que sobresalían entre los robles carvallo, las hortensias y el trigo: de un verde intenso primavera, azul pizarra y oro pastel, en ese orden.

El sol aquí es tan azafranado que le da gusto al cielo y la lluvia no es una escala aburrida de grises; más bien es un orvallo de blanco floral. Los bosques eróticos y los atajos esperanzadores. La sorpresa hay que vadearla, es caudalosa y arrastra una corriente de luminosidad aguamarina y una nitidez que asemeja al cielo profundo, enseguida descubres que son ríos. Yo quería perderme en aquel lugar pero fue imposible no seguir el trazado marcado por las señales y símbolos: flechas, hitos y conchas como soles de amarillas.

Y después vi la casa azul real y a sus habitantes de corazón añil y dueños de su vida azulada. Seguí mi camino entonces dejando mis huellas incoloras de rastro polvoriento sobre el camino tostado; a veces entre pedruscos negros y otras veces entre cantos blancos.

Publicado en Camino-relatos de Santiago

Espacios de tiempo

Caminity

Los pasos son tus días, dices.

Los minutos te andan hacia dentro, exclamas.

Las horas hacia fuera, estudias.

Te mueve el tiempo, oyes.

Siempre es ahora, susurras.

Pero ayer pasó ¡ves!

Las horas no se quedan, lloras.

Y mañana no es tiempo todavía, sueñas.

Ahora es esto, callas.

Y habrá más que será aquello, quieres.

Pero eso son espacios de tiempo que serán, esperas.

O que fueron, recuerdas.

Que contarán o restarán, sabes.

Pero que no son, entiendes.

Ni están, anhelas.

Pues ya han sido, piensas.

O serán, deseas.

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Tan cerca como la luna ☾

Pasan seis meses ya ♥ pero sigues tan cerca, como la luna… gracias por tus poemas, mamá.

“Oh luna cristalina
tú eres mi sosiego
y siento de ti envidia
porque estarás viendo 
a mis seres queridos 
que ahora tengo lejos.
Allá arriba en lo alto
verás si están alegres
o quizá descontentos,
si recuerdan mi nombre
o estoy en su recuerdo.
Y diles que yo muero
por verlos a mi lado
y decirles muy quedo
los estoy esperando;
para caminar riendo
para sonreír jugando
para que sepáis amigos
que os estoy añorando,
y la luna en lo alto
os lo estará diciendo.”

M.J. Benítez-Cano

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Ghosts!

Los fantasmas están mucho más cerca de nosotros de lo que imaginamos. Y a lo largo de nuestra vida, en el camino, coincidiremos con ellos en más de una ocasión. Pero ¡ojo! hoy más que nunca, se eleva el índice de ver a todos ellos juntos.

Para que no te den un susto de muerte, aprende el truco para reconocerlos.

Existen 3 tipos de fantasmas:

  • Los de siempre: les sobra de todo, hasta la sábana.
  • Los que se disfrazan: desean ser por un rato, quiénes no son ¡cuidado!
  • Los de verdad: su existencia depende básicamente de nosotros, y estos son los que más temor provocan.

Si tratáis con ellos es asunto vuestro, advertidos quedáis.

¡Feliz Halloween 2016!

 

 

 

 

Publicado en Camino-relatos de Santiago, Etapas

Soñar o morir

Uno sueña tanto, tantísimo, que ya no sabe si está desmiendo o durpierto. De estar durpierto estaría soñando despierto y de estar desmiendo sencillamente sería como vivir durmiendo.

Uno sueña tanto, tantísimo, que ya no sabe si es la cama la que nos cubre y arropa y se hunde profundamente con nuestro cuerpo, envolviéndonos en una vida de ensueños. Uno ya no sabe si es la almohada la que se restriega sobre nuestros ojos y bosteza al contacto de nuestra piel para que así el sueño que duerme no se deshaga y siga soñando que es real y está despierto.

Y uno quiere soñar, seguir soñando y realizarse aunque sea sin dormir, pero termina sin sueño aunque durmiendo y muriendo sin soñar. Y cree que sueña que no duerme para seguir despierto, pero el sueño aburrido de no vivir, se duerme.

Y un leve ruido basta, basta para despertar al sueño que se levanta junto con las sábanas, abre la ventana, se airea y se acaba yendo. Y nos descubrimos sentados desmiendos o durpiertos, quién sabe a estas alturas del sueño, pero nos quedamos angustiados viendo marchar y sin realizar los sueños. Sin saber acaso si volverán si seguimos durmiendo. Soñando sin dormir, viviendo sin soñar o sin soñar y sin vivir.

Y solo, solo hay que cerrar la ventana con los ojos abiertos, sabiendo que el sueño que ya ha dormido no se escapa, que está despierto. Y si uno se muere igual; soñar es vivir, lo otro es no soñar y encima dejarnos morir.

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¿Qué es el verantoño?

Estar en otoño pero ser en verano

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No se cuentan con los dedos

Esos seres que aparentemente vagan por el futuro pero que en realidad tienen muy claro su rumbo presente.

Esos seres que por unos días llevan pocas pertenencias porque saben que más no son necesarias.

Esos seres que no nos conocen pero viajan a nuestro lado. Que no se acuerdan de nuestro nombre pero recuerdan nuestra cara. Que aun sin tener sed nos ofrecen agua. Que no saben de donde venimos pero sí hacia dónde vamos.

Esos seres son personas del mundo, ciudadanos del universo, peregrinos de todos los caminos. Surgen tras los árboles, bajo las piedras, en los arroyos, en los albergues, en una fuente. Kilómetro arriba kilómetro abajo hay uno de ellos. En bici, a pie o a caballo. Un peregrino nos espera, nos busca, nos envía un mensaje, nos escucha, se preocupa por nosotros, nos motiva, nos alienta y se sonríe cuando nos ve.

Y es que durante algunos días el camino es nuestra casa, es nuestro hogar. El salón pasa a ser un paraje repleto de vides, un río es la bañera, el sofá un banco junto a un arroyo, la cocina una manta con viandas bajo el sol y la noche estrellada. Una de las sillas es una piedra, otra el bordillo de una acera y de almohada una palleira o hacina.

Y esos seres extraordinarios que transitan cargados de generosidad y que se reconocen a una legua, esos seres son nuestra familia del camino. Un pelotón de amig@s, de peregrinos por siempre jamás. Y esos, esos no se cuentan con los dedos de una mano, se cuentan con los dedos de los pies; para que no nos sobren dedos sino para que nos falten pies.

Publicado en Camino-relatos de Santiago

¿Y a ti, qué te falta?

No te lamentes, no llores más, no te aburras tanto pensando en ti.
Hoy, el ombligo del mundo no eres tú. Es él. Pero él, ni mucho menos hace el Camino para ser el ombligo del mundo. Él, sencillamente hace el camino porque quiere y puede. Y cuando uno hace lo que quiere y puede se convierte en el centro del universo.

Porque se tarda más en llegar al centro que al ombligo, del mismo modo que abarca más existencia el universo que el mundo.

Y es que en el ombligo del mundo solo cabes tú, mientras que en el centro del universo estamos todos los demás. 

Publicado en Camino-relatos de Santiago

En el lugar más alto

Hay miles de piedras en el camino, pero esa piedra pequeña y blanca que guardé en un lugar especial de mi mochila, ya llevaba grabado aunque yo no lo sabía, lo que hace tan solo unos días escribí sobre ella.

Del mismo modo que se cruza un gato y la muerte. Así se cruzó conmigo la piedra. ¡Será para eso para lo que están las piedras! Para tropezarnos con un instante, o acaso el azar es torpe. Avance entonces muy rápido hasta el fui, pero allí yo ya no estaba, no quedaba nada salvo recuerdos. Y es que una cosa es el camino y otra muy distinta nuestro camino, mí camino. Como el gato y la muerte que sin tener nada que ver se terminan cruzando en algún punto.

Hoy, después de jornadas de calor y esfuerzo la piedra ha llegado, ha recorrido su camino. Y es que alguien a quien admiro y quiero, la ha depositado en el lugar exacto que le he indicado; a los pies de lo que antaño dicen fue un altar romano dedicado al “Dios de los Caminos”, para protegernos, la emblemática Cruz de Ferro en el Camino de Santiago.

Ahora está en el lugar más alto mamá, a 1504 metros de altitud, por si haces como yo y retrocedes, por si vas hasta el fui, aunque sea para tropezar con ese instante, para que puedas verla.