Una primera vez, como en el amor, no basta

Cuando uno se adentra en el Camino se enamora al instante, pero esto el peregrino no lo sabe aún. Y no lo sabe porque todavía no es peregrino peregrino, (o a lo peor porque nunca estuvo enamorado enamorado) ni comió «pollo pollo»Es solo un individuo que camina y que no sabe tampoco que quedará hipnotizado y hasta poseído de por vida. No es de extrañar habiendo tal magia por ese lugar. Pero una primera vez, como en el amor, no basta. Se necesita hacer el Camino de Santiago al menos dos o tres veces para entender de qué va esto de caminar, que nada tiene que ver con andar pero sí mucho con andarse.

El peregrino(a) tarda en darse cuenta de que el Camino es como una ortiga que te pica y se enreda en las piernas y en los pies y se lía por el alma y las tripas y te deja aprehendido de por vida. Quedándose cosido uno del mismo modo que las grapas en los corazones de papel, en un éxtasis de enamoramiento en el que tiemblan hasta los mocos. Y esos síntomas algunos lo llaman “mono” aunque yo jamás vi orangutanes por esas tierras, más bien se deben referir a lo que es bello y hermoso. Y sin querer desliarse de este encantamiento amoroso, se enrola el peregrino(a) como si el camino fuese un océano y él mismo un capitán de navío. Y va y viene como el barco al puerto, porque nunca el puerto fue a buscar al barco (a menos que el puerto estuviese también enamorado). Por eso se vuelve. Porque se da uno la vuelta deseando haber olvidado cualquier cosa en el Camino. Añorando que este nos llame por nuestro nombre y nos recuerde y reconozca. Porque si no se olvida nada se deja algo adrede. Por eso se vuelve. Porque uno no está perdido pero quisiera perderse. Y aunque esa marcha sea como la de los cuentos, «por siempre jamás». Porque lo que el Camino da es lo que uno deja y en cierto modo nos falta y nos sobra misma cosa, por eso que hemos aprendido a darla sin decirlo.

Con todo ello la adicción explota; primero en los pies, luego en las piernas y va subiendo hasta el corazón que se empapa del orvallo hasta empatizar con la tierra almibarada de pisadas. Y de ahí hasta dilatar la mente para regresar de nuevo a la cavidad que late y dejarla abierta, repleta y colmada. Por todas esas cosas y algunas más, se regresa al Camino de Santiago.

 

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6 respuestas a “Una primera vez, como en el amor, no basta

  1. He leído muchas referencias al Camino de Santiago, pero ninguna como la tuya. Uno se puede hacer una buena idea de qué se siente leyéndote con esa pasión por lo que cuentas. Una de mis muchas asignaturas pendientes. Hacer el camino.

    Un abrazo.

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