En el lugar más alto

Hay miles de piedras en el camino, pero esa piedra pequeña y blanca que guardé en un lugar especial de mi mochila, ya llevaba grabado aunque yo no lo sabía, lo que hace tan solo unos días escribí sobre ella.

Del mismo modo que se cruza un gato y la muerte. Así se cruzó conmigo la piedra. ¡Será para eso para lo que están las piedras! Para tropezarnos con un instante, o acaso el azar es torpe. Avance entonces muy rápido hasta el fui, pero allí yo ya no estaba, no quedaba nada salvo recuerdos. Y es que una cosa es el camino y otra muy distinta nuestro camino, mí camino. Como el gato y la muerte que sin tener nada que ver se terminan cruzando en algún punto.

Hoy, después de jornadas de calor y esfuerzo la piedra ha llegado, ha recorrido su camino. Y es que alguien a quien admiro y quiero, la ha depositado en el lugar exacto que le he indicado; a los pies de lo que antaño dicen fue un altar romano dedicado al “Dios de los Caminos”, para protegernos, la emblemática Cruz de Ferro en el Camino de Santiago.

Ahora está en el lugar más alto mamá, a 1504 metros de altitud, por si haces como yo y retrocedes, por si vas hasta el fui, aunque sea para tropezar con ese instante, para que puedas verla.

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