El estréscondite

El estréscondite es un juego a prueba de madurez o inmadurez (según valía). Consiste en conocerse para encontrarse a uno mismo, lo cual indica que uno previamente ha de estar perdido para poder jugar.

En el estréscondite nadie salvo tú mismo vendrá a salvarte, aquí no vale eso de “por mí y por todos mis compañeros” ya que corresponde a la versión infantil y este no es un juego de niños.

Estar más o menos perdido, mucho o poco no parece ser atenuante para encontrarse antes o después, más deprisa o más despacio. En este punto las reglas no hacen la más mínima mención al respecto. El agravante es que al no saberse uno mismo quién es, ese otro perdido nuestro le lleva a desconocerse de sí, o dicho de otro modo a ser un desconocido de él, lo que todos venimos reconociendo como no conocerse a sí mismo.

Los componentes

El juego se compone de un único jugador con un mapa mental circular que deberá o debería llevar doblado en su cabeza o en el corazón en vez de en el bolsillo. De este doblez dependerá el éxito y el desarrollo de su juego, en definitiva de su vida. Ni que decir tiene la importancia de sus capacidades y valores: optimismo, carisma, decisión, visión, responsabilidad y valor… entre otros, además de gratitud.

Por tanto, al estar obligado a jugársela con él y no con otros, el jugador es y será absolutamente responsable e irresponsable tanto de lo que hace cómo de lo que no hace. Si los otros en un momento dado te encontraran a ti antes que tú , la desmotivación tardaría poco en llegar, provocando en ti la ansiedad justa para toparte con tu ego (no es lo que buscas) antes que contigo mismo.

Además, puede darse la circunstancia de que el jugador se cruce con otros jugadores perdidos, lo que puede acarrear desencuentros y encuentros de confusión al no saberse ninguno de los dos quién es cuál. Si el que se está buscando o el que se está encontrando y que anda exactamente en la misma disyuntiva. ¿Eres tú mi yo o soy yo tu tú?

Las casillas

Aunque los jugadores no cuentan con GPS (ya quisieran), las reglas permiten caer en las denominadas casillas modo: gritos, eco y auxilio, pudiendo descargar ahí todo el estrés e ira que están soportando. Uno se puede llamar bien alto y esperar si se oye, aunque sea de manera tímida. De ser así, el jugador o jugadora deberá hacer alguna señal tipo silbido gomero u otro grito idéntico al que ha escuchado para saber la casilla en la que se encuentra su otro yo como él o ella, que desde allí está intentando ponerse en contacto con él mismo.

La manera de avanzar

El juego tiene miga, razón por la que no es Los Juegos del Hambre. El jugador o jugadora no podrá parar de contar hasta que se encuentre. Es indiferente que cuente hasta mil o hasta veinte mientras siga sin saberse o sabiéndose desconocido de sí, si es o no es él o ella el que se está buscando.

La forma de desplazarse es cuando menos agobiante. El jugador puede descansar pero no dormirse; hasta el último día de la vida todo es juego, lo cual complica la forma de ser de los jugadores y su arte de caminar y tropezar por el tablero de la vida.

Un problema típico y muy común es el poco o ningún caso que presta el jugador a su instinto (parece obvio dada su circunstancia), dejando delimitado en el mapa mental que porta toda su responsabilidad, que le irá guiando en sus equivocaciones y aciertos, sin tener en cuenta ni considerar la diferente realidad del territorio por el que transita y que le ha tocado vivir y sobrejugar o jugar y sobrevivir.

La suerte

No existe. Si el jugador se lanza pero no se reconoce en sí, ni en el extraviado ni en el que se descubre, es obvio que no ha de ser todavía ni él ni ella. Deberá pues no autoengañarse y seguir contando y jugando. No hay razón para ser otro en tu propia vida que no seas tú ni tendría sentido y menos coherencia. Y lo que es peor, jugar a buscarse a uno que no eres tú ni te pareces a ti y que desde luego no conoces de nada.

El comodín

Está de fortuna el jugador que se topa con él mismo y se acierta con su –– y con su –to– o mejor dicho, con su yo y con su tú. Él mismo se descubre con el que se buscaba pero que desconocía e ignoraba que llevaba guardada la misma pregunta y respuesta que él; el joker.

La recompensa

Gana la partida el jugador que consigue liberal a su yo extraviado del estrés, antes de alcanzar la casilla de la muerte (todos los juegos y las vidas tienen una casilla así), encontrando su propio corazón en el del otro, consiguiendo terminar y salir del juego habiendo cumplido el objetivo de saberse conocido de él y del que buscaba que también era él. Del ser y serse en cualquier circunstancia. Siendo él, tú y ti siempre y a la vez.

¿Te atreves a jugar?

Si tú no eres de los que están perdidos y te conoces bien y además te sientes atraído por los retos, puedes perderte unos metros nada más, de prueba, sé listo y no te vayas muy lejos y luego ya tranquilamente juegas a buscarte.

 

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3 comentarios sobre “El estréscondite

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