Lavando se entiende la gente

La ropa alegre aquí, dentro del tambor; programa batucada. Y la triste allí, para prelavar. Son ciclos que no se deben mezclar ya que se pueden desteñir los sentimientos. Si quieres decolorar la tristeza y el dolor puedes hacerlo, pero no los tiñas. Para quitar las manchas de la angustia; déjala en remojo el tiempo que quieras. Además, todas estas prendas: la amargura, la pesadumbre y la melancolía, han de ir directas a la secadora, para que salgan disminuidas y encogidas, y por supuesto secas. Olvídate de blanquear, eso es para los dientes. Una vez elegido bien el programa, el proceso ya está activado por lo que no tiene ningún sentido que nos quedemos mirando como dan vueltas las penas.

Por contra: el amor, la compasión y el afecto son tan delicados como el algodón, no debemos maltratarlos, sino cuidar su temperatura y el aclarado. El centrifugado suave y reducido. Se trata de que en este proceso no se separen las extraordinarias cualidades de estas prendas ni se estropeen, así siempre estarán intactas y limpias. Después, se tienden al sol, que junto al aire puro y fresco se encargarán de todo lo demás. ¿Comprendes ahora?

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2 comentarios sobre “Lavando se entiende la gente

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