Lo hacía sola. Tendía sus arrugas, sus grietas, cualquier fisura. Primero las de la cara, luego las del cuello e iba bajando. Sus pechos caídos y todo el resto de su cuerpo: la cintura, los muslos, hasta los pies. Y así, vestida con su mejor traje; el cuarteado, se quedaba viendo airear su existencia. Observando batirse los hechos contra el viento. Contemplando como su vida otro día más, se secaba al sol.

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Un comentario en “71 Palabras

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